Exigidos por el Evangelio


Jueves 15 de Noviembre, 2018
Reflexión del P. Carlos Godoy Labraña, Rector del Santuario de la Inmaculada Concepción.

El Mes de María probablemente es uno de los tiempos pastorales más intensos, donde las personas se acercan a las iglesias y santua­rios persuadidos por la figura de la Madre, que atiende y escucha las necesidades de sus hijos. Es particularmente relevante acudir a María en momentos difíciles. Nos resulta tan espontáneo recurrir al regazo materno cuando vivimos dificultades y problemas. Con razón el Papa Francisco nos invitó durante octubre a rezar el Rosario pidiéndole a la Virgen por la Iglesia, para que sea defendida “de los ataques del maligno, el gran acusador, y hacerla, al mismo tiempo, siempre más consciente de las culpas, de los errores, de los abusos cometidos en el presente y en el pasado” y con una fuerte intención de que como Iglesia podamos comprometernos a “luchar, sin ninguna vacilación para que el mal no prevalezca”.

Esta invitación la podemos seguir aplicando durante este mes, donde se hace especialmente intensa la devoción y el cariño a nuestra Madre. Una auténtica devoción a la Santísima Virgen María nos tiene que llevar a Jesucristo. La oración del Santo Rosario nos hace meditar los misterios de Cristo, donde se coloca a María como la perfecta discípula que acoge la Palabra de Dios en su corazón y que es capaz de traducirla a través del servicio y el amor a los demás.

Es por lo que la devoción a María también debiese ayudarnos a crecer como discípulos de Jesús. Si queremos configurarnos con el Señor el camino más expedito es la Virgen. Ella es el libro que contiene todas las virtudes: la fe (“Dichosa tú que has creído” Le 1, 45); la esperanza (“Hagan todo lo que él les diga” Jn 2, 5) y el amor (“Hágase en mí según tu palabra” Le 1, 38). En la escuela de María aprendemos a vivir como Cristo. Jesús pasó haciendo el bien, curando a los enfermos, liberando a los oprimidos, anunciando la Buena Noticia a los pobres. Tuvo una clara opción por los postergados y víctimas abusadas por los poderosos de su tiempo. Si la Iglesia quiere volver a ser creíble debe salir de sí misma y mirar más al Señor, comprendiendo que la vida cristiana es ante todo la adhesión a una persona, a su palabra, a su estilo de vida y a sus opciones más profundas.

En el Mes de María y en particular el 8 de diciembre, el Pueblo de Dios se vuelca a los santuarios marianos a expresar su devoción a nuestra Madre. Es en los espacios de piedad popular, como nos decía el Papa en su carta a la Iglesia en Chile, donde la gente sencilla y devota se manifiesta soberana ante “la influencia del clericalismo que busca siempre controlar y frenar la unción de Dios sobre su pueblo”. Son los espacios que podemos aprovechar para escuchar lo que nos está diciendo la gente, lo que nos está exigiendo el Pueblo de Dios. Puede ser un especial momento de purificación donde, contemplando a la toda santa, nos hagamos más conscientes de nuestras heridas y de las exigencias de una mayor coherencia con el Evangelio de Jesús.

+ P. Carlos Godoy Labraña
Rector del Santuario de la Inmaculada Concepción del cerro San Cristóbal


http://www.periodicoencuentro.cl